Crítica “Prisioneros”

Dicen que no hay nada como el amor de un padre hacia un hijo. Cuando a una hora cualquiera, de una tarde cualquiera tu hija desaparece y sospechas que ha sido secuestrada puedes llegar a perder la cabeza de una forma insospechada con tal de proteger a tu familia. Y de esa premisa parte el nuevo thriller del realizador Canadiense Denis Villeneuve, “Prisioneros” (Warner Pictures) y que cuenta con Hugh Jackman y Jake Gyllenhaal como protagonistas. (¡CUIDADO: puede contener SPOILERS!)

Keller Dover (Jackman) se enfrenta a la peor pesadilla de cualquier padre. Su hija de seis años, Anna, ha desaparecido junto a su mejor amiga Joy. La mejor pista es una caravana cuchumbrosa que momentos antes había estado aparcada en su calle. Al frente de la investigación se encuentra el detective Loki (Gyllenhaal) quien tras falta de pruebas, deja en libertad al único sospechoso de la abducción: Alex Jones (Paul Dano), el conductor de la caravana. Mientras la policía sigue distintas pistas, un desesperado Dover, consciente de que la vida de su hija está en juego, decide tomar cartas en el asunto, pero, ¿hasta dónde estará dispuesto a llegar con tal de proteger a su familia?

Villeneuve consigue que la historia, que a primera vista podría caer en la vía fácil, imitando a otras películas del mismo tipo explotando el drama familiar o rozando el género de acción de manera pasajera como “Rescate” (Imagine Entertainment, 1996) con Mel Gibson o “Flightplan” (Touchstone Pictures, Imagine Entertainment, 2005) con Jodie Foster, mezcle la esencia de los thrillers clásicos de los 80 -esa mítica persecución a contrarreloj para cazar al rival- con elementos del suspense más básico para conseguir transmitir de forma brutal esa sensación de angustia y desesperanza al espectador.

(SPOILER) La Biblia dice “ojo por ojo, diente por diente” y para un padre de familia con creencias religiosas católicas de pro ésta parece ser la mejor vía de escape, empieza por confiar en su instinto animal acechando al único sospechoso de haberse llevado a su hija y acaba por utilizar esa mal sana obsesión como un medio para descargar toda su rabia contenida, convirtiéndolo en una especie de meticuloso psicópata con razones más que justificadas. Bajo la excusa de la aparente impotencia policial a resolver el caso, Dover se enreda en un camino sin luz al final del túnel, dejándose llevar por una decisión moralmente incorrecta tras otras, tomándose la justicia por su mano, pero con la esperanza firme de que está haciendo lo correcto – probablemente todo lo que haría cualquier padre en su misma situación (Fin SPOILER).

Villeneuve decide jugar magistralmente con todas las piezas de su siniestro ajedrez. Ya no sólo se trata de detenerse a resolver y garantizar un final a la altura de las expectativas, sino de mostrar con genialidad todas las caras de un mismo prisma. Por un lado está la reacción emocional desvelando a una muy maternal Maria Bello desgarrada psicológicamente por la ausencia forzada de su hija pequeña, por otra una más visceral que expone una parte interpretativa de Hugh Jackman desconocida hasta la fecha. Jackman saca toda la garra, pone toda la carne en el asador, se pone más salvaje que cuando interpreta a Lobezno y deja en un segundo plano su lado más humano transformándose en un perturbado padre que parece no querer distinguir entre el bien y el mal, pero que consigue que el público empatice con su locura, con su aparentemente justificable sadismo.

Dejando en una esquina el drama familiar, por otro lado está la trama policial arrollando como la tempestad más frenética que pueda existir. Si Jackman está soberbio, Jake Gyllenhaal también está que se sale encarnando, y nunca mejor dicho (el actor ha desmejorado físicamente para el papel), al detective encargado de llevar el caso. Magnífico está Gyllenhaal con esa neurosis casi psicótica de su personaje cuyo objetivo no es sólo cumplir la promesa de traer a las niñas sanas y salvas a casa, sino también, como si de una competición personal se tratase, de no fracasar en el intento y así dejar este caso como el primer sin resolver en toda su carrera policial.

Otro personaje clave es Alex Jones, inicialmente bajo sospecha por ser el conductor de la destartalada caravana. Paul Dano está formidable como Alex Jones, un chico con cierto retraso mental que está a cargo de su tía. Es un tipejo con algún secreto vital y un pasado oscuro que actúa con una cierta inocencia metamorfoseada y que consigue sacar de sus casillas a Dover a la par que poner los pelos de punta con sus silencios sospechosamente intencionados y cuando habla, lo justo y necesario, lo hace con un hilillo de voz que consigue que el público se apretuje aún más en su butaca.

Las localizaciones y la ambientación son otros de los platos fuertes de la película y todo es gracias al 10 veces nominado a los Oscar por su trabajo como director de fotografía, Roger Deakins, creador de joyas de la cinematografía como “Cadena Perpetua” (Castle Rock Entertainment, 1994), “El Hombre que nunca estuvo allí” (Working Title Films, Gramercy Pictures, Good Machine, 2001) o “Skyfall” (Eon Productions, 2012). Planos escabrosos, escalofriantes movimientos de cámara en poblados desolados, juegos salvajes de luces y sombras y mucho más para recrear esa atmósfera tétrica intrínseca de la película.

En definitiva, a pesar de nuestras expectativas de encontrarnos con el clásico thriller con el que nos tienen acostumbrados últimamente desde Hollywood, “Prisioneros” consigue absorbernos desde el minuto uno no sólo gracias a las interpretaciones deliberadamente desgarradas y extremadamente realistas del su elenco protagonista, la imprevisibilidad de su guión o su fotografía decadente, sino también por la maestría con la que el director Denis Villeneuve es capaz de convertir una trágica abducción infantil en una especie de provocativo juego moral en la que una única pregunta machaca la cabeza del espectador una y otra vez. ¿Hasta dónde llegarías para proteger a los que más quieres? Sin duda una de las must-see movies del año.

← Atrás

Deja una respuesta