«Wake me up inside… Bring me to life». Evanescence aterrizó este jueves 1 de octubre en Barcelona para despertarnos sutilmente, traernos de nuevo a la vida metalera e invitarnos a un viaje a la nostalgia más pura del inicio de los 2000.
Y es que hay conciertos que se convierten en auténticos puntos de inflexión, y el de Evanescence, Poppy y Nova Twins en el Olímpic Arena de Badalona marcó un antes y un después.
La gira ha reunido en un mismo escenario a tres fuerzas del metal y el rock totalmente distintas, pero conectadas por una misma pulsión visceral: romper esquemas, desafiar los géneros musicales y ofrecer un espectáculo en directo inolvidable.
Desde Hot BuZz (Mag), asistimos, de la mano de la promotora Doctor Music, a una velada en la que el nu-metal, el rock industrial y la vanguardia sónica colisionaron de la manera más brillante posible.
Nova Twins: Groove explosivo y actitud revolucionaria imparable

La tarde arrancó por todo lo alto con Nova Twins.
El dúo británico formado por Amy Love y Georgia South demostró desde el primer segundo por qué se ha convertido en todo un referente del rock reivindicativo alternativo actual.
Su mezcla explosiva de punk, rock pesado y texturas electrónicas urbanas mezcladas con hip hop sacudió el recinto como un terremoto.
Instrumentalmente, su repertorio fue una auténtica obra maestra ecléctica. Georgia South desató un bajo potente, con mucho groove y un boost (somos muy fanes de esa pedalera con sonidos tan cuidados y versátiles) que sólo se experimenta con grandes bajistas de toque ecléctico como Christopher Wolstenholme de Muse.
De hecho, durante algún momento de la actuación, nos recordó con una sonrisa los primeros tiempos de la banda británica liderada por Matt Bellamy, a la vez que brillaban la actitud punk-urbana, la garra y las idas vocales de hip-hop de Amy Love, mientras lo bordaba con su guitarra.
Ambas conectaron a la perfección con el público, corriendo de un lado a otro del escenario.
Con cañonazos como Cleopatra, Choose Your Fighter y Antagonist, impusieron una vibra futurista que dejó claro que el futuro del género está en buenas manos.

Poppy: Del pop etéreo al metal industrial más potente
Si Nova Twins encendió la sala, Poppy aportó un matiz intrigante. La artista estadounidense ofreció un show hipnótico, oscilando entre la dulzura pop más etérea y la brutalidad del metal industrial más contundente.
Su universo sigue desafiando todas las reglas de la industria actual, fusionando la experimentación sonora más extrema con una identidad visual magnética que rechaza cualquier categorización. La vocalista pasa fácilmente de un susurro melódico a guturales ensordecedores sin perder la compostura. Y eso es algo que pudimos presenciar de primera mano.
Poppy saltó al escenario con una potente Bruised Sky.
Durante el repertorio interpretó algunos de sus éxitos como Concrete, Public Domain y The Cost of Giving Up, mezclando screams con canciones pop muy dramáticas.
A destacar ese momentazo en el que sacó esa teatralidad que la caracteriza, máscara en mano, para darlo todo con Scary Mask.
En la parte final de su concierto, sonaron temazos como V.A.N (cover de Bad Omens) y New Way Out.
Sin embargo, la vibra con Poppy se sintió algo más fría en comparación con Nova Twins.
A pesar de darlo todo y pedir algún que otro moshpit al público, la conexión no alcanzó el mismo punto de ebullición durante toda su actuación, aunque su espectáculo musical con toque de metal experimental fue, por lo menos, curioso de presenciar.
Evanescence: Un guiño a la nostalgia, nuevos himnos de «Sanctuary» y colaboraciones estelares
El plato fuerte llegó con la apoteósica actuación de Evanescence.
La magia había comenzado mucho antes: horas antes del concierto, Amy Lee compartió fotos en sus redes sociales tomadas exactamente en el mismo lugar de Barcelona donde se rodó el icónico videoclip de My Immortal años atrás, creando un puente perfecto entre pasado y presente.
Con una producción visual impecable y un sonido atronador, la banda demostró que sus himnos generacionales siguen vigentes, combinándolos con el material fresco de su nuevo álbum, “Sanctuary” (BMG, 2026).
El setlist alternó canciones más recientes como Sanctuary, Tell Me When You’ve Had Enough, Rapture y Afterlife (tema de la serie “Devil May Cry” de Netflix) con clásicos como Going Under, Bring Me To Life y Lithium.
Todo ello, con una puesta en escena visualmente atrapante con fuego, un piano que aparecía y desaparecía por arte de magia, una rampa iluminada que invitaba a los integrantes a moverse arriba y abajo del escenario, y unas pantallas de vídeo de fondo con imágenes de lo más envolventes e inmersivas.

Entre los momentos más épicos, ese en que Amy Lee recordó que se cumplían veinte años de una era clave para dar paso a Like You.
Justo antes de Forever You, sentada frente a su piano, regaló un discurso conmovedor: «No estáis solos en el mundo. Nunca os arrepintáis de amar. No sois malos ni estúpidos por querer a alguien. No tenéis que quedaros; os prometo que al otro lado se está mejor.»
Tras agradecer en varias ocasiones lo afortunados que se sentían por regresar a Barcelona tras tantos años, la recta final dejó momentos inolvidables, incluyendo una colaboración estelar con Poppy en End of You, seguida de Who Will You Follow, un emotivo My Immortal (cerrando ese círculo íntimo con Barcelona), para finalizar y colgar los instrumentos tras una enérgica Wide Open Heart.
Evanescence + Poppy + Nova Twins en el Olímpic de Badalona (Barcelona): Una noche para la historia del metal
Esta triple alianza sobre el escenario puso de manifiesto que el metal femenino goza de una salud de hierro gracias a la diversidad de propuestas.
Nova Twins puso el rap rock callejero, Poppy el metal popero experimental y Evanescence la maestría de un repertorio que une su legado con la nueva era del metal sin etiquetas.
Una combinación musical perfecta que dejó al público con la certeza de haber presenciado uno de los mejores conciertos del año.
Y a pesar del paso del tiempo transcurrido, Evanescence demostró que hay cosas en la vida que el tiempo no puede borrar («there’s just too much that time cannot erase») y que ciertos legados musicales son inmortales.


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