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Un ritual de bienvenida para cada «Weirdo»: The Rasmus desata la nostalgia emo en Barcelona

The Rasmus - Barcelona 2026
The Rasmus - Barcelona 2026

Hay conciertos que van mucho más allá de un setlist al uso; son experiencias capaces de transformar una sala entera en una auténtica cápsula del tiempo cargada de pura emoción.

Hacía años que la icónica banda finlandesa del rock alternativo, The Rasmus, no pisaba nuestro país. Sin embargo, su esperadísimo regreso a Barcelona el pasado 2 de julio dejó claro que el paso del tiempo no ha desgastado en lo más mínimo ese vínculo tan especial que tienen con su público de aquí.

Pero antes de que las guitarras empezaran a rugir, tuvimos el lujazo de sentarnos a charlar un rato con Lauri Ylönen (que llevaba una sudadera sin mangas de Metallica) y con Emppu Suhonen (con un rollo muy desenfadado y una camiseta negra de un gato) justo antes de que arrancara el show, todo gracias a Kinda Agency.

En esta entrevista exclusiva para Hot BuZz (Mag), el dúo nos abrió las puertas de su universo para hablarnos del significado tan inclusivo y profundo de su último disco, «Weirdo», de la evolución creativa de esta nueva etapa, de sus mejores anécdotas de gira, de las colaboraciones de sus sueños y de una historia buenísima sobre cómo encontraron la paz en una playa barcelonesa hace ya unos años.

No te pierdas la charla completa aquí abajo.

The Rasmus: La sinfonía definitiva de sombras e himnos en Barcelona

Mucho antes de que se abrieran las puertas de la Sala Apolo, la entrega de la gente ya saltaba a la vista. Hubo fans haciendo cola durante horas bajo el calor asfixiante del verano sólo para asegurarse el sitio más codiciado de la valla.

Y es que The Rasmus demostró con creces por qué sigue siendo una de las bandas más queridas y respetadas de la escena alternativa, dando una lección de humildad y cercanía.

Lauri Ylönen - The Rasmus
Lauri Ylönen – The Rasmus

En lugar de quedarse resguardados en el camerino, salieron a la calle a recibir a los que esperaban fuera. Pasaron un breve rato charlando con los fanes, compartiendo risas y haciéndose fotos, creando una conexión brutal antes de que sonara la primera nota. Cuando por fin saltaron al escenario, lo hicieron con esa actitud tan auténtica y sin filtros que llevan en el ADN.

Nada más entrar a la sala, el ambiente estaba cargado de una nostalgia emo, envuelta en esa atmósfera oscura, melancólica pero acogedora que tanto les caracteriza. Esto no era un concierto cualquiera; era la reunión de una comunidad leal, un ritual intergeneracional donde la estética lúgubre de los primeros 2000 se fundió en un abrazo colectivo.

El público de la Apolo fue el reflejo perfecto del legado tan duradero que tiene el grupo: una mezcla de edades muy variada.

Codo con codo, los fanes de siempre (esos que tenían la habitación empapelada de pósters en la época dorada de MTV) lo daban todo junto a una nueva generación de oyentes que vivía la magia del grupo en directo por primera vez.

Daba igual la edad; todo el mundo estuvo metidísimo en el concierto y dándolo todo desde el primer acorde.

Eero Heinonen - The Rasmus
Eero Heinonen – The Rasmus

The Rasmus se marcó un concierto imponente con un setlist de más de 10 canciones que repasó lo mejor de su carrera, equilibrando de maravilla la artillería pesada de sus grandes himnos con sus temas nuevos.

Arrancaron la noche con Break These Chains, recordándonos al instante por qué reventaron las listas de éxitos mundiales, para luego desatar la locura colectiva con clásicos como Guilty, No Fear o Justify.

A mitad del concierto, la emoción se puso a flor de piel con unas interpretaciones acústicas y preciosas de October & April y First Day of My Life, que sirvieron de antesala para pegar otro subidón de rock alternativo con temazos de la talla de F-F-F-Falling y Livin’ in a World Without You.

Para cuando llegó el turno de In the Shadows y de Weirdo (uno de sus últimos sencillos), la sala era un clamor absoluto.

Como el propio Lauri le recordó a toda la sala, ser un «Weirdo» (un bicho raro) es algo que hay que celebrar; es un himno para cualquiera que se sienta un poco diferente pero que encuentra su lugar dentro de una comunidad que lo respeta y lo abraza. Ese mensaje caló hondo y resumió a la perfección el espíritu de unión que se respiró durante todo el show.

Pero lo que de verdad hizo que la noche fuera memorable fue el nivel de conexión con el público.

La química entre el cuarteto encima del escenario y la pista fue instantánea y real. Lauri demostró por qué es uno de los frontmen más carismáticos de la escena, sin parar de hablar a la gente, bailar y contagiarse de la energía que desprendía la sala.

Emppu Suhonen - The Rasmus

De hecho, en un momento de la noche se metió a todos en el bolsillo al anunciar con complicidad que España acababa de marcar el primer gol (poniéndose 1-0 arriba) en el partido del Mundial que se estaba jugando a la misma hora de su actuación.

Un poco más adelante, Lauri compartió una historia personal con todos los asistentes, la misma que nos había confesado un rato antes en exclusiva para Hot BuZz (Mag).

Recordó con mucho cariño un viaje que hizo a Barcelona hace años, en el que se bajó con su guitarra a la playa sólo para tocar frente al mar. Lo describió como un momento muy relajante y de paz absoluta, un instante zen muy personal que hizo que este regreso a la ciudad se sintiera como una auténtica vuelta a casa.

Con el concierto en su punto álgido y ya en los bises, donde sonó la sobrecogedora Sail Away y cerraron por todo lo alto con Love Is a Bitch, la banda mandó al traste las normas de seguridad habituales de los directos.

Eero Heinonen, el bajista, nos pilló a todos por sorpresa al tirarse de cabeza desde el escenario para hacer crowdsurfing sobre un mar de brazos. Un momento de pura catarsis rockera que reflejó a la perfección el subidón tan salvaje de los fanes.

Aki Hakala - The Rasmus
Aki Hakala – The Rasmus

Barcelona fue sólo el pistoletazo de salida para su conquista del territorio nacional. Tras esta noche para el recuerdo, The Rasmus puso rumbo a Madrid para seguir dándolo todo antes de llevar todo su arsenal de rock oscuro a los escenarios del Resurrection Festival.

Cuando los últimos acordes terminaron, quedó claro que la ola oscura y emocional de los 2000 sigue tan viva y despierta como el primer día.

The Rasmus no vino sólo a dar un bolo; dio una clase magistral de actitud, saber estar en el escenario y conexión real. Barcelona rugió, los finlandeses cumplieron con creces y todos nos fuimos a casa con el subidón de haber vivido una de esas noches que tardan mucho, mucho tiempo en olvidarse.

Escrito por Thaïs Parvez

Creadora de Hot BuZz (Mag). Periodista, productora de contenido SEO-friendly (EN, ES & CAT), rockera, guitarrista y amante de los viajes y la fotografía.

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